Cambios laborales

Hoy me han dicho que tengo el blog abandonado, y es verdad. Soy consciente que la única culpa es mía, porque la excusa de tener mucho trabajo, de llegar a las tantas a casa y de que el fin de semana se vaya en nada, son solo eso, excusas.
También me apuntan que quizás elaboro demasiado las entradas (esto es muy optimista) auque aquí voy a tenerlo más crudo, porque normalmente me gusta escribir (y hablar)

Recientemente he cambiado mis responsabilidades y ahora tengo más personas que dependen de mi directamente o bien trabajan para proyectos del área que dirijo. Esto me ha permitido vivir una realidad que ya conocía, pero no tan de cerca: la rotación.

En las últimas dos semanas han dimitido tres personas de un equipo de uno de los proyectos de mi nueva área. Apenas las conocía, pues solamente llevaba dos semanas en la nueva posición y aún estaba traspasando cosas de la anterior. Hoy hablaba con una de ellas (aún no se ha ido, está en el periodo de preaviso) y claramente la he visto poco segura de la decisión que tomó. Es una persona joven y está claro que un cambio cuando no llegas a los treinta no es igual que a una edad más avanzada. Solamente lleva unos meses en la empresa, con lo que los motivos no son los habituales de cansancio y monotonía, de querer ver otras empresas, variar de proyectos, cambiar de aires…
Los motivos por los que uno decide variar su vida con un cambio de empresa son innumerables y creo que merecen una entrada más adelante, otro día. Pero aunque no podamos estar nunca seguros al completo, hay que reflexionar bien sobre si realmente lo que queremos es cambiar de trabajo o bien queremos cambiar de vida. El cambio de trabajo implica conocer gente nueva, aprender durante un tiempo, salir de la rutina. Cambiar de vida puede ser irse a otro sector o tipo de trabajo o bien que te tripliquen el sueldo con la oportunidad de tu vida (subidas del 15% no nos cambian nada, seguiremos debiéndole lo mismo al banco).
Mucha gente cambia de trabajo pero empeora su vida o para seguir como mucho igual de feliz, a cambio solamente de pequeñas recompensas. O bien consigue con ciertos sacrificios (menos sueldo, más trabajo, viajes) una mayor felicidad a medio plazo.

La reflexión es que dudo que la mayoría se planteen el cambio de una manera mínimamente reflexiva (no necesariamente racional) antes de dar el paso. Cuando hacemos años nos volvemos más conservadores y normalmente nos gustan menos los cambios por el riesgo que conllevan (cosa que nunca he acabado de entender, ya que son decisiones que tomas de adolescente las que pueden condicionar toda tu vida, pero lo tengo comprobado en mi mismo también)

Otra posibilidad, claro está, es que el cambio sea forzado (muy de actualidad estos días que el paro ha subido en España) pero eso ya es otra cuestión…